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Breve comentario de novela 249 de escritor salvadoreño: “Lo que el tiempo me dejó”, de Ramón Rivas, 2025

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Voz de la Diáspora /Colaboración William D. Martínez

Este comentario a la novela «Lo que el tiempo me dejó» del Dr. Ramón Rivas, es del novelista y psicólogo William D. Martínez.

Dr. Ramón D. Rivas / Antropólogo y escritor

En esta nueva ocasión tengo el honor de comentar una obra a pocos días de la publicación de la novela: “Lo que el viento me dejó”. Conocí a Ramón Rivas en los andares de la búsqueda de la novela perdida. Con los días le pregunté si tenía alguna novela escrita, pues me parecía que, si había escrito investigaciones y ensayos biográficos sobre Ilobasco, pues debía tener su novela recordando la vida en el pueblo. Respondió que estaba difícil, quizá algún día.

Con el tiempo, en una conversación que sostuvimos surgió el tema de la publicación de todas esas vivencias suyas reflejadas en una novela. Y fue así que con mucho esfuerzo y sacrificio logró llevar a feliz término su novela, que para mí sería titulada: “Memorias de un infante en Ilobasco”, ya que es una novela memorística, la cual es conocida como novela de formación o bildungsroman, que es un género literario centrado en el desarrollo personal, psicológico y moral del personaje principal, generalmente narrado desde la infancia hasta la adultez.

En esta novela a través de sus vivencias el personaje principal de nombre Alejandrito va evolucionando y adquiriendo conciencia de sí mismo, de las personas, así como del mundo que le rodea y que su abuelo Máximo se da la tarea de mostrárselo por vez primera.

“Lo que el viento me dejó” es una historia psico-social de una relación íntima entre el abuelo Máximo y su nieto Alejandrito, quien desde pequeño pone en práctica las enseñanzas de su primer maestro en la vida. La historia nos conduce por los caminos de los tres amores: 1- el amor Filial, su amor por el abuelo. 2- el amor Eros, su amor por María Antonieta, la niña que nunca olvidó. 3- el amor Ágape, su amistad con Medardo, su mejor amigo.

En la historia encontramos remembranzas ciento por ciento del lugar donde nació y vivió Alejandrito sus primeros años, es una compilación de aventuras, cuentos, prosas, leyendas, anécdotas, dichos y otras cosas más de corte costumbrista con un eje temático coloquial, maduro y sentimental.

En sus anécdotas presenta una visión objetiva del ambiente pueblerino de aquel Ilobasco de inicios del siglo XX. Aunque parca, su prosa es detallista y lucida, pues penetra en las conductas, costumbres y en la realidad del pueblo, que, envuelto en una atmósfera de supersticiones, indigencia, riqueza, pobreza, mitos, fantasía y represión, construye el futuro viviéndolo día a día.

Además de describir con nombres y apellidos un buen número de personajes ilobasquense que él trató y conoció de cerca, el libro retrata los lugares más importantes del pueblo, como lo son sus monumentos, iglesias, mercados, cine, parques, paisajes urbanos y rurales. También hechos reales que sucedieron en el pueblo y que quedaron grabados en la historia, su historia: primero en sus memorias y hoy plasmadas en el libro. Ramón Rivas, rememoró los hechos con el fin de mantener viva la memoria histórica que tanto necesitamos en esta anticultura olvidadiza.

Todo lo referido en el libro, Alejandrito lo vivió, por lo tanto, su testimonio de ayer, hoy nos pertenece a todos, pero más a los ilobasquenses, quienes tienen que promover su pueblo dando a conocer a las nuevas generaciones el pasado que sus abuelos construyeron para el presente y para sus descendientes.

La novela además de memorística es un libro educativo, asimismo autobiográfico, nos detalla con excelencia referencias aquellos términos, vocablos locales o palabras en lengua popular del salvadoreño corriente.

Queda en nuestras manos otro pedacito más de nuestro pasado que habrá que reivindicar si queremos engrandecer la historia, aunque sea dando pequeños pasos, todo por nuestra cultura. Y los naturales de Ilobasco deben ser los primeros en promover su memoria histórica.

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