Por Alberto Barrera
San Salvador – La pequeña sala de proyecciones del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) estaba a reventar por asistentes a la presentación del libro “Chalatenango Luz y Sombra”. El ambiente agradable entre viejos conocidos. La publicación relata la historia reciente del norteño departamento a través de fotografías de Ralph Sprenkels (1969-2019).

El antropólogo y fotógrafo amó al pueblo chalateco, sus 78 imágenes se mezclan con testimonios de residentes que sobrevivieron al conflicto armado en la década de 1980 y que en 1987 lucharon por repoblar la devastada provincia. Michelle Melara también aporto 10 dibujos que son también de la cotidianidad, memoria de la gente y se refieren a la historia del lugar y fueron creados con la técnica pluma y acrílico sobre papel. “Los dibujos entretejen el pasado y presente en un espacio creativo, un viaje entre tiempos, porque el pasado está, siempre y de alguna manera en nuestro presente”, escribió la artista en el libro.

Frente al público estaban además de Michelle, Adriana Alas y Lotti Silver. Las tres académicas explicaron las razones del homenaje a Rafa -como le llamaban y a él le gustaba que lo hicieran-, por sus instantáneas, trozos de la historia de la zona norte de El Salvador, acompañan la historia de la población en esa etapa de la lucha por la sobrevivencia, luego del retorno de campamentos de refugiados en la zona fronteriza con Honduras.
En la corta y emotiva presentación de los puntos académicos del libro, destacaron las razones por las cuales decidieron promover la publicación con el apoyo de organismos internacionales como la Western Univertsity Canada y otras ocho entidades locales e internacionales. A los aspectos puntuales del trabajo de Sprenkels siguieron comentarios de asistentes que destacaron el humanismo de Rafa, su identidad con la gente sufrida, la entrega para apoyarles. Una señora resaltó lo “guapo que era”, dijo ante una sonrisa colectiva y la aprobación disimulada de Michelle, su compañera con quien procreara sus dos hijos Simón y Tamara, hoy estudiantes universitarios.

Hubo muchos comentarios y hasta tristeza cuando se refirieron a su repentina partida en septiembre de 2019 cuando recién en marzo había cumplido 50 años, Dijeron que seguro tenía mucho más que aportar a su familia, proyectos de investigación y apoyo a su querido Chalatenango, uno de los departamentos en el que se libraron cruentos combates durante el conflicto armado en los 80.
“El resultado final de este libro creativo, esta mezcla de fotografía y testimonio, poesía, canción y arte plástico, nace y se entreteje de la relación de cariño” entre Rafa y Chalatenango, dice parte de la introducción del texto con fotos publicado y presentado esa tarde de febrero pasado en el que además hubo muestra de música, danza, coloridos tejidos de mujeres pobladoras del departamento que se convirtieron en trazos y trozos de denuncia de la cruel realidad que vivieron en ese departamento. Al cierre hubo una muestra de danza de las tejedoras y los asistentes compartimos un pedazo de semita y café.

“Gracias por sus memorias que transmiten nostalgia, esperanza y alegría…sus testimonios nos permiten saber más sobre nuestros orígenes, hacen que nuestras raíces se aferren con más fuerza y nos llenan de orgullo”, dicen en los agradecimientos del libro Francisco Mejía y Meilyn Leiva del Comité de Jóvenes del Proyecto Memoria Histórica Sobreviviente en El Salvador de la Posguerra.
Muchas veces hablé con Rafa de la vida, de la realidad nacional, de Chalatenango, de la situación de los niños desaparecidos en el conflicto, que él junto a Jon Cortina, sacerdote jesuita (1934-2005), defensor de los derechos humanos durante y después del conflicto y reconocido por su labor pastoral, y otros temas como el fútbol. ¡Ah el fútbol! su pasión por ese popular deporte desde niño en su natal Holando, hoy Países Bajos. Eso también nos unía. Rafa y Jon llegaron a la oficina de la agencia Reuters en mayo de 1999 para ver la final de la Champions League entre el Bayern y el Manchester United, la que al final ganaron los ingleses y lo celebramos. Rafa integró el equipo de Prensa Internacional que yo dirigía. Jugábamos en canchas de la embotelladora La constancia, el estadio Cuscatlán y otras. Con su alargada figura y entrega en la defensa ganaba el respeto de los rivales, pero nunca jugaba con mala intención, su nobleza también la demostraba en el campo de juego.

En esas charlas aludíamos el amor y entrega a nuestras familias. En diciembre de 2018 almorzamos y me dijo que seguía atado a El Salvador con sus proyectos e investigaciones, que Michelle y sus hijos eran todo para él, que no podía estar lejos de ellos mucho tiempo.
Estas palabras pensé decirlas en el acto homenaje, pero al atender una llamada de Brenda, una de mis dos hijas, y entretenerme fuera del salón con viejos amigos (amigos viejos) y colegas como Carlos Henríquez Consalvi o Santiago, director del MUPI entre otros, cuando regresé habían cerrado el espacio para comentar y las participaciones las habían cerrado. Pero no solo no las dije, me tardé en escribirlas, pero hoy lo hago con profundo respeto, admiración y cariño a Rafa y esa gente de Chalatenango.
Luz y Sombra en Chalatenango
“Si alguien me pidiera contar de vos,
¿dónde empezaría?
Si no se me seca la boca,
tal vez hablara de los millares de muertos
cuya historia contás
los mejores de tus hijos e hijas
cortados,
en la época de su retoño.
El silencio en tu corazón”.
-Ralph Sprenkels de su poema “Chalatenango” (1992)


