Por Alberto Barrera
Pittsburg, CA – La imponente edificación en la cima de una colina de casi 500 metros de altitud impresiona, y desde la planicie supone una catedral española. El Castillo Hearst, declarado monumento y sitio histórico en California, sorprende a casi un millón de visitantes anuales por su historia, arquitectura y las miles de piezas y obras de arte europeas de su excéntrico dueño original, el magnate editorial William Randolph Hearst.

El día de nuestra visita parecía inconveniente. Cuando iniciamos el viaje desde Pittsburg nubes grises ocultaban los rayos solares y la lluvia parecía una real amenaza, pero luego de atravesar San Francisco y enfilar hacia el Big Sur la radiante luz del sol iluminó y disfrutamos casi seis horas los 331.5 kilómetros hacia San Simeón, una pequeña población costera en la que fue erigido el curioso y atractivo alcázar enclavado en un extenso terreno en el que está la “Colina Encantada”, como se le conoció cuando fue adquirido en 1865 por el rico minero George Hearst, padre del acaudalado hombre de medios.
El viaje se calcula en unas cuatro horas pero hicimos más tiempo porque paramos para dotarnos de fresas, cherries, ciruelas y bananitas en una venta de frutas, incluyendo aguacates, a la orilla del freeway 1. Seguimos el viaje extasiados por el paisaje, enormes planicies verdes llenas de cultivos de frutas y verduras en el productivo valle Salinas inundado de alcachofas. Muchos jornaleros latinos hacían su trabajo bajo el intenso sol. Después una leve estación en Davenport, pueblo costero con unos 500 habitantes con una pequeña ermita católica en la que hicimos fotos.

Pasamos de largo el desvío a Monterey y luego recorrimos parte de la idílica ciudad Carmel-By-The Sea una joya en la zona. La otra estación 24 kilómetros adelante en el histórico puente Bixby, un arco de hormigón construido en 1932 sobre un profundo cañón, maravilla arquitectónica por su forma y altura. Dramáticos acantilados, casi verticales, reciben en la base el choque de inquietas olas del Pacífico.
El freeway es sinuoso y estrecho que atrae a visitantes locales y extranjeros que disfrutan los bellos paisajes costeros en los que amaneceres y ocasos enamoran. A la orilla del terreno pedregoso vimos impresionantes casas y mansiones con vistosa vegetación; cafés, restaurantes de carretera y algunos hoteles encantadores, muchos sombreados por frondosos árboles. Sarita condujo para que su esposo Julio descansara del trabajo semanal y todos felices con una gran carga emotiva de risas.
El Castillo Hearst
LLegamos a San Simeón y divisamos el castillo. Vimos el rótulo del Parque Estatal y Monumento de California. Arribamos al edificio en el que adquirimos los boletos para que un autobús con unos 30 pasajeros nos condujera por una empinada y serpenteante calle a la cúspide de la colina. Con jazz de los años 30 de fondo una modulada voz masculina explicaba detalles del castillo.
Al bajarnos del autobús una mujer flaca y rubia de mediana edad nos dio la bienvenida. Pronto explicó la historia del lugar y su contenido. El castillo está en un terreno de 127 acres, un poco más de 73 manzanas, y además del palacio hay otras dos casas para huéspedes que ocupan unos 8 acres, unas 4,6 manzanas ornamentadas por jardines y terrazas. La principal tiene 115 habitaciones y 46 en otras dos casas.

En la visita de solo una hora, la guía aludió detalles de la historia de “la Cuesta de la Colina”, como también se le conoció en “los locos años 20” y 30 del siglo pasado. Hizo los relatos mientras caminábamos por senderos y nos deteníamos en terrazas, subíamos gradas para ver las casas y observamos jardines con flores coloridas, columnas romanas, lámparas en sostenes de granito con rostros, bustos de figuras de Roma y Grecia, ademas una terraza desde la que se ve el extenso terreno plano y el mar de intenso azul.
El emblemático lugar es una mezcla de Alhambra, catedral española y villa Mediterránea, dijo un reportero del diario La Nación en abril de 2021. También es un museo con unas 20,000 obras y objetos de arte. La guía nos mostró esculturas antiguas, algunas alrededor de la enorme piscina Neptuno y en el salón principal muebles antiguos, cuadros del periodo renacentista y120 tapices -aunque solo vimos unos cuantos- que narran las guerras de generales y soldados romanos en África. Pasamos al comedor y nos atrajo una mesa larga y angosta del estilo monástico del siglo XVI en la que comían los invitados de Hearst. La colección de arte convencional y antigüedades, tiene 30 techos, la mayoría de España, además de marcos, puertas, repisas, chimeneas y jarrones griegos, entre otras piezas.
El castillo era escenario de continuas reuniones, fiestas fastuosas con figuras de la política y una constelación de estrellas del rutilante Hollywood de la época. Era común ver a Charlie Chaplin, Greta Garbo, los hermanos Marx, Mary Pickford y Clark Gable entre otros, además de figuras como Winston Churchill quien fuera Primer Ministro británico de 1940 a 1945 y Calvin Coolige presidente de Estados Unidos entre 1921 y 1929 relatan crónicas de esos años.
Un reportero del diario La Vanguardia escribió en 2021 que lo construido y todo lo adquirido dieron como resultado “un edificio caótico, exageradamente ornamentado y de estilo libre.” Una acertada interpretación del castillo.
Wiliam R. Hearst el magnate excéntrico
Cuando William, siendo hijo único heredó la fortuna Hearst en 1919 tenía 56 años y comenzó su sueño de construir el palacio. Antes, en 1887 había asumido la dirección del Examiner que atravesaba dificultades y que su padre había comprado siete años antes. Lo manejó efectivamente y generó famosas disputas mediáticas con otro editor Joseph Pulitzer, fundador del famoso premio al periodismo y las letras estadounidenses.
Hearst fundó un imperio mediático que a mitad de la década de 1920 tenía 28 periódicos, 19 revistas, ocho emisoras de radio y una productora de cine. Se le considera pionero de la “prensa sensacionalista” o “amarillista” porque usó tácticas alarmistas y populistas que impactaron la opinión pública.
Sus medios le sirvieron para moldear la opinión y apoyar u oponerse a figuras políticas como el presidente Franklin D. Roosevelt. Fue congresista por Nueva York (1903-1907) y aspiró fallidamente a la gobernación de ese estado. Su estilo derrochador, aficionado del lujo e influyente en la política le generaron múltiples controversias y pérdidas económicas. Su vida y el control de medios que tuvo fueron los temas principales explorados en la enaltecida película Ciudadano Kane.

La vida del magnate ha sido abordada no solo en Ciudadano Kane de Orson Wells en 1941 y a la que Hearst intentó infructuosamente boicotear y al estar terminada comprarla para su destrucción. La película ganó un Oscar por mejor guión aunque candidata a otros 8 premios, pero Hearst manipuló para que no obtuviera mayor reconocimiento. Es una joya del cine mundial.
Otars como The Cat´s Meow (El Maullido del Gato) de 2001, se basa en una fiesta en un lujoso yate de Hearst a la que asisten famosos como Charlie Chaplin. En un arranque de celos el magnate asesina a uno de sus invitados, pero el caso nunca se resolvió. Y en 2020 Mank, que se basa en la historia de Herman Mankiewicz, guionista de Ciudadano Kane y un alcohólico empedernido. Es un relato de cómo se movió en Hollywood para conocer a su amante y satirizar a Hearst.

Cuando terminamos la visita al castillo pensé en Ciudadano Kane, pero no la comenté porque apresurados nos registramos en un atractivo motel al otro lado del freeway y desde el cual se ve el mar. Luego comimos en un pequeño restaurante de mariscos y carnes. Después de unas cervezas fuimos a la cama, cansados pero satisfechos del viaje y la visita al histórico castillo Hearst.
William Randolph Hearst murió en Beberly Hills en agosto de 1951 a los 88 años, su amante Marion Davies en Hollywood en septiembre de 1961, tenía 64 años de edad y 30 de ser la amante del rico y jactancioso empresario de medios que creo el famoso castillo.
