Por Alberto Barrera


Cultura – Los western o películas del viejo Oeste estadounidense no siempre fueron de duelos o líos de balazos en cantinas, persecuciones y emboscadas entre soldados y guerreros originarios, llamados despectivamente “indios salvajes”. Hay épicas historias de la guerra civil, aunque pocas destacan la participación de soldados negros, o algunas que tratan de adentrarse en cómo eran esos años a finales del siglo XIX, los valores de la sociedad o de amores apasionados.

En algunas los protagonistas se conducen en hermosos caballos por praderas y montañas azules cubiertas de nieve, otras son relatos de cowboys con cinturones rodeados de balas y la pistola en sus cartucheras que protagonizaban bravatas de machos alcoholizados, y uno solo con rapidez pasmosa mataba o hería a muchos, cuya cantidad excedía a las seis balas de su revólver.

Y como ejemplo del buen cine recientemente vi dos excepcionales películas: “Incidente en Ox-Bow” de 1943 (https://www.youtube.com/watch?v=Ei-9mkkf1vM ) con Henry Fonda como protagonista (1905-1982) y “El Pistolero” de 1950 con Burt Lancaster (1916-2003) como estrella (https://www.youtube.com/watch?v=aCgq5Flsf58). Además buenos directores y actores como el también premiado Anthony Quin (1915-2001) de origen mexicano.

Ambas son dramas intensos ambientados en aquella pujante sociedad estadounidense que iba camino a lograr el poder económico y político actual desde el siglo XIX. Los filmes reflejan la situación en la que grupos con poder tienen reacciones viles y pretenden convencer que sus principios son el honor, la justicia, la moral y otros valores, cuando en realidad son acciones, muchas veces, injustificadas como derramamientos de sangre de inocentes.

Nos hace reflexionar cuando El Pistolero (Jimmy Ringo) hastiado de la violencia quiere vivir en paz con la mujer que ama y ver crecer a su hijo, pero acaba perdiendo su vida como él acostumbró: matar por dinero o porque era el más rápido para desenfundar y disparar.

Son historias cinematográficamente bien contadas con actores premiados, guiones de calidad y buena fotografía en blanco y negro que reflejan un ambiente sombrío. Impactantes películas de un género que dejó de ser popular, y que en la década de 1960 productores y directores recurrieron al llamado “espagueti western” para retornar al éxito y heredaron buenas historias, algunas muy famosas como “Por unos dólares más” que protagonizara Clint Eastwood en 1965.

Sergio Leone fue el director de esa y otras producciones de la época y la música, como muchas otras, de Ennio Morricone. Ésa y otras filmaciones se realizaron en España por los bajos costos, según argumentaron las productores, aunque los extras no tenían el acento de los mexicanos que aparecen en muchas escenas cuando los filmes eran historias en tierras del vecino país a Estados Unidos o fueron parte del territorio de México.

Incidente en Ox-Bow, conocida en países hispanoamericanos como “Conciencias Muertas”, es un buen ejemplo de cómo ese aporte marcó al cine. Fue nominada al premio de la Academia como mejor película de 1943 pero lo ganó “Casablanca”, considerada una de las mejores en la historia del cine.

La historia se ubica en 1885 en un alejado pueblo de Nevada en el que alebrestados habitantes toman la ley en sus manos cuando sin juicio actúan impunemente contra un comprador de ganado y sus dos ayudantes. La trágica historia marca profundamente a todos los hombres de la patrulla, aunque siete de ellos no lo aprobaron, pero tampoco se opusieron por distintos temores.
Inicia cuando dos vaqueros que llegan de noche al pueblo y van a la atestada cantina. De pronto un vaquero llega agitado y dice que han asesinado el ganadero Larry Kinkaid. Animados por el calor de los tragos los clientes del lugar deciden formar una patrulla para buscar a los asesinos. El viejo juez les dice que lo que hacen es ilegal porque no han sido llamados por la autoridad, que es el sheriff quien está fuera del pueblo. Y si logran capturar acusados los lleven para enjuiciarlos.

En un pequeño escampado encuentran a tres hombres junto a muchas reses. El grupo los rodea y conmina acusándoles del crimen y robo, y por más que el comprador les explica los maltratan. El dueño es Donald Martin (Dana Andrews), junto a Juan Martínez (Anthony Quinn) y al anciano, discapacitado mental, Alva Hardwicke (Francis Ford, hermano del aclamado director de cine John Ford). Martin afirma que compró el ganado de Kinkaid pero no recibió factura. Nadie le cree y deciden colgarlos al amanecer.

El hombre compungido por aquella barbarie escribe una carta a su esposa y le pide al anciano Arthur Davies (Harry Davenport), el único en quien confía, que se la entregue. Davies lee la carta esperanzado en salvarles la vida porque cree en su inocencia. Pero todo estaba decidido.
Después del linchamiento se dirigen al pueblo y se encuentran con el sheriff quien les dice que Kinkaid no está muerto. Sorprendidos los de la patrulla se reúnen en el saloon y beben en silencio. El viejo militar Tetley, quien integró el grupo, vuelve a su casa y se suicida después de que su hijo lo condena por su sadismo. Mientras en la cantina Gil (Henry Fonda) lee la carta de despedida de Martin. Todos escuchan agachados. Después Gil y su compañero Art salen del pueblo para entregar a la viuda la carta y 500 dólares recaudados por sus asesinos.

Críticas de la época en The New York Times y el semanario The New Yorker fueron positivas. Clint Eastwood dijo que es su película favorita; pero Darryl F. Zanuck, jefe de Twentieth Century-Fox en ésa época la consideró “un fracaso” financiero sin importarle los valores que promovió. Pareciera que desde entonces solo importan los éxitos financieros y con ello mueren nuestras conciencias.

En la otra El Pistolero o “Sed de Sangre”, considerado “un western psicológico”, fue dirigida por Henry King y cuanta la historia de Jimmy Ringo (Peck), cuando en 1880 retorna a Cayenne, un pueblo del Oeste, en busca de su amada y conocer a su hijo de ocho años. Piensa en el retiro de su nefasta vida como jalador del gatillo y el sheriff Mark Strett, un antiguo compañero de aventuras retirado y vive en paz en el lugar le pide que se vaya. Por su fama los habitantes, principalmente los niños, están ansiosos de conocerle.

FilmAffinity dice: “Ringo, un legendario pistolero, se siente tan viejo y cansado que está decidido a retirarse y llevar una vida más tranquila como granjero. Sin embargo, sus propósitos tropiezan con la incomprensión y la intolerancia de la sociedad. Aunque ya no será perseguido por la ley, la región está llena de jóvenes pistoleros que desean demostrar que son más rápidos que él para ocupar su lugar y heredar su fama.”

Esas reacciones humanas incomprensión e intolerancia, terminan afectándole y cae abatido, aunque agonizante le dice al sheriff que no encarcele al joven que le disparó que la vida se encargue de su castigo.