Suecia le apuesta a la militarización ante ola delincuencial

Imagen: Cortesía Pixabay.

Por Guillermo Mejía/Colaborador

Opinión – La crisis delincuencial que agobia a Suecia se ha desbordado, al grado que el gobierno de derecha asegura que la forma más adecuada de combatirla es apostándole a la participación de los militares en actividades de seguridad pública, algo inconstitucional, aunque para eso harán la reforma respectiva.

El Primer Ministro sueco Ulf Kristersson, del partido Moderado, tuvo una reunión de trabajo con las jefaturas de la Policía y el ejército, dado la preocupación que existe por el fenómeno social. El mandato es que esas instituciones tienen que trabajar juntas, para solventar el problema que, por ejemplo, ha significado 36 asesinatos y 124 explosiones en lo que va del año.

En medios europeos se destaca que incorporar a los militares a funciones de seguridad pública está prohibido en la legislación sueca, que solo lo faculta para casos de atentados terroristas o de situación de guerra. La solución al inconveniente será una reforma legal, que propondrá el gobierno, dado la situación imperante.

En ese sentido, el Primer Ministro señaló que el cambio en la ley es necesario para “permitir una mayor participación militar en labores de seguridad” y afrontar “situaciones de zona gris en las que no es obvio qué tipo de amenaza enfrenta Suecia”, según las publicaciones periodísticas.

Kristersson asume que, mientras se da el cambio legal, las fuerzas armadas suecas pueden ayudar a la policía “en casos en lo que las habilidades especializadas del ejército puedan ser de ayuda”. Ambos cuerpos pueden trabajar a la par en rubros como logística, informática forense y análisis de explosivos, algo ya incluido en la legislación actual.

Resulta impensable que suceda eso en Suecia, sociedad que se ha caracterizado por tolerante, solidaria con otros pueblos a los que ha brindado asilo y con un sistema social que ampara a sus ciudadanos. Sin embargo, hay que ver esa situación en el marco del deterioro progresivo de muchas naciones europeas que se han vuelto conservadoras e intolerantes.

Desde esta parte del mundo de inmediato nos cae la cuenta del significado de la militarización de la sociedad y de la seguridad pública, en particular, por las experiencias que se han vivido y viven, donde hay que traer a colación muchas acciones que riñen con los derechos humanos, en especial del Régimen de Excepción que va en camino de cumplir dos años.

Salta a luz la reciente violación de una menor de 13 años, por parte de un militar salvadoreño y con la complicidad de otros elementos de tropa, así como los vejámenes y amenazas que sufrieron otras personas que la acompañaban en la zona costera del occidente del país. ¿Cuántas víctimas sollozan en silencio por posibles actos de este tipo?, es pregunta obligada.

Otros pormenores del caso sueco

Según el Primer Ministro, la ola delincuencial por la que atraviesan no tiene precedentes en Suecia ni en Europa; es decir, “ningún otro país tiene una situación como la nuestra”, advirtió ante los periodistas. Al grado que, desde diciembre de 2019, el mes pasado ha sido el más mortífero con 12 asesinatos, incluido una persona víctima de bomba.

Las razones que aducen las autoridades para el problema en Suecia, que el año pasado sumó 62 crímenes, son la mala integración de los inmigrantes, el aumento de la brecha entre ricos y pobres, y el narcotráfico. Hay que ver el grado de responsabilidad del gobierno de derecha por mantener una agenda de trabajo menos social que en el pasado, situación que se repite en muchos países europeos.

Reseñan medos europeos que uno de los problemas que enfrentan las autoridades es el que se conoce como “niños soldados”, reclutados por grupos de crimen organizado para cometer crímenes. Son jóvenes que acaban siendo peones de las bandas organizadas que buscan gobernar el hampa en ese país escandinavo.

Henrik Häggström, analista en la Academia Sueca de Defensa, dijo a periodistas que “la situación de los niños de las bandas criminales en Suecia es muy similar a la de los que son reclutados en conflictos armados”.

Las condiciones que facilitan el reclutamiento de los niños son similares: pobreza, familias desestructuradas y pocas esperanzas de tener un buen futuro. Y, además, la promesa de tener armas, dinero, protección y, sobre todo, estatus. La manipulación de la niñez es evidente y resulta ser caldo de cultivo.

El drama sueco y la respuesta de militarizar la seguridad pública no debe alegrarnos como sociedad, bajo la perspectiva de que la sociedad salvadoreña ha dado el ejemplo, sino más bien nos obliga a reflexionar sobre cómo estas sociedades han dado un paso atrás en su humanidad y qué nos depara a nosotros en el futuro.